24 oct 2010

El acuerdo (Un ejercicio de etimología-ficción)

Daniel González Dueñas
Originalmente en salonKritik


La etimología-ficción no se circunscribe a las reglas de la lexicografía o la lingüística comparativa —aunque no las ignora—: va más allá en busca de relaciones de mayor profundidad que las aceptadas por la lógica y la lengua histórica. Su inventor es sin duda Píndaro, que solía introducir etimologías creativas para congraciarse con sus mecenas; más tarde Plutarco utilizó etimologías basadas en fantasiosas semejanzas con los sonidos (la fonética es tan esencial en la etimología-ficción como lo es en la música). Ya Isidoro de Sevilla, en su Etymologiae (año 630), se dio cuenta de que buscar las raíces de las palabras es ir en pos de las “primeras cosas”, y termina muy pronto por ser —apenas se incursiona en ese camino menos como el etimologista académico que como el poeta— una búsqueda de las “primeras causas”: es en este nivel que se relaciona con la teología, el hermetismo y la mística más que con la “ciencia de las palabras”. Estos primeros poetas estaban convencidos (tanto como lo está la etimología-ficción) de que en las raíces de las palabras se halla escrita la historia natural del universo. Los filólogos hablan, con condescendiente paternalismo, de una “etimología popular” (silvestre, sin bases científicas o rigor académico); mejor llamarla etimología-ficción para reconectarla con sus raíces y hacer homenaje a Píndaro, Plutarco, Plinio, Aulo Gelio e Isidoro: sólo en ella se encuentra lo etymologicum genuinum (como ambiciosamente se llama aquella enciclopedia gramatical editada en Constantinopla en el siglo XIX), que es otro de los nombres de Dios.
En alguna parte Borges habla de un “resultado que se acuerda con la opinión de Schopenhauer”. Revelador uso de “se acuerda con” en el sentido de “guarda acuerdo” o “concuerda”. Porque bien puede trasladarse a la otra acepción, la más común, la de acordarse en el sentido de recordar. “Me acuerdo de aquel momento”, entonces, correspondería a “concuerdo”, a “consigo acordar con ese momento”. ¿El recuerdo es un concuerdo? ¿Y un concordar con qué? ¿Mi ansia de hacer memoria logra un acuerdo con el pasado y de ahí que consiga recordar?
Concordar es tirar cuerdas en ambas direcciones, como en un navío a punto de tocar puerto. Estoy en acuerdo con alguien cuando sostengo la cuerda que me tiende a la vez que él acepta la que yo le envío. Es entonces que se tienden las cuerdas, se unen y hay “acuerdo”. En esta última expresión resuena también la palabra latina corda, plural de cor, “corazón”: lanzo una cuerda desde mi corazón y recibo una que proviene de otro corazón. Un acuerdo se da, en primer término, entre corazones. En sí la palabra implica que ese encuentro es cordial, o no habría acuerdo.
Acordarse, entonces, es un acto cordial. Re-cordar es pasar de nuevo por el corazón. Se equivoca, pues, quien sitúa a la memoria en el cerebro. Es el corazón el que recuerda porque sólo él puede lanzar una cuerda (diríase una vena) hacia el pasado y conectarse con otro corazón, o con un momento cordial, o con una imagen que se tiende hacia nosotros como una cuerda. Las cuerdas tendidas hacia el pasado sugieren la imagen de un acróbata en la cuerda floja. Todo el que busca un acuerdo se arriesga a caminar por la cuerda tendida de un corazón a otro. Y más aún quien se acuerda. De ahí que Proust, el gran acróbata, pasara tanto tiempo rastreando sus sensaciones, es decir, detectando aquellas cosas del mundo que al pasar le lanzaban cuerdas al corazón.
Porque —hay que insistir en ello— no basta con recibir la cuerda: hay que lanzar una idéntica en la misma dirección, o no será posible el cruce sobre el Niágara. Ambos lanzadores, luego de unir las cuerdas, comienzan a cruzar y se encuentran a mitad de camino, en el punto de mayor vértigo, de mayor posibilidad de caída, de mayor necesidad de virtuoso equilibrismo. El corazón, pensó una vez Carson McCullers, es un cazador solitario, pero antes que eso es un acróbata que se encuentra con otro a mitad de la cuerda floja, ahí en donde no hay vilo mayor. Y si es un cazador es porque su presa es el vértigo mismo: el vilo mismo. No hay otra cordura, ni otra cuerda ni otro acuerdo.
Se recuerda con el corazón, y además recordamos solamente los momentos en que hubo corazón, o los seres y las cosas que “en su momento” nos lanzaron una cuerda de su corazón. Decir que somos memoria (que la identidad está en el recuerdo de nosotros mismos) es decir que somos corazón: uno que sólo late si tira cuerdas en todas direcciones para, en ese acto reflejo y complementario, recibir las cuerdas que el mundo sin cesar le tira y le propone.
En todas direcciones. No hay solamente acuerdos “horizontales”, como en el cruce sobre el Niágara (del pasado al presente, del aquí al allá, del Yo a lo Otro), sino también un cruce “vertical”. La fórmula sursum corda significa literalmente “arriba los corazones”, y la liturgia católica lo vierte al español como “levantemos el corazón”. Toda cuerda (toda vena) que lanzamos al mundo concuerda con otra que se nos lanza en exacta reciprocidad, en una búsqueda, desde ambas partes, del enorme —cósmico— acuerdo total.
*
Coda. La hermosa pieza teatral del peruano Alonso Alegría El cruce sobre el Niágara (estrenada en 1969) se basa en la vida del equilibrista francés Charles Blondin (nombre artístico de Jean-François Cravelet), célebre en el siglo XIX por haber cruzado en varias ocasiones una inmensa cuerda floja tendida sobre las Cataratas del Niágara (un recorrido de 335 metros a cincuenta metros de altura), la última llevando en vilo a su socio, agente y asistente, Henri Colcord. En la pieza de Alegría este último se llama Carlo y es un admirador que reprocha al acróbata el haber convertido su trabajo en mero espectáculo comercial y rutinario (como la repetición no era suficiente reto, Blondin añadió en cada cruce un mayor desafío: con los ojos vendados, dentro de una bolsa, arrastrando una carretilla, con zancos, e incluso tomando asiento a mitad de camino para cocinar una omelette). De esta confrontación surge un primer acuerdo: Blondin cruzará una vez más la cuerda floja sobre las rugientes cataratas, esta vez con Carlo a cuestas. La metáfora es clara y contundente: Blondin acepta la cuerda que le tiende Carlo, y este último, a la vez, recibe la que le lanza Blondin. Uno lleva en los hombros al otro, lo que no contradice, sino afirma, el hecho de que su encuentro verdadero, el más profundamente humano, se da a mitad del recorrido, en ese punto que ya no pertenece a la mitad de Blondin, ni a la de Carlo, puesto que es la tierra de Nadie. Porque aun existe otro desafío, el que verdaderamente representa el mayor reto de sus vidas y en el que Alegría centra la pieza (como recibiendo la cuerda que le tiende Blondin desde el pasado insondable); este punto comienza con una observación de Carlo, que se ha dedicado a observar todas las actuaciones del funambulista por medio de un catalejo: “...el alambre a veces brilla con el sol y no se ve. Sólo se le ve a usted, parado sobre el vacío, caminando en el aire casi...”. Carlo no está dibujado como un ingenuo sino como un apasionado estudioso de las técnicas de equilibrio, las leyes de gravedad y el arte de los vilos, y es desde estos contextos que afirma a su maestro el verdadero acuerdo: con suficiente entrenamiento físico y mental, Blondin podría ser capaz de caminar en el aire “sin alambre, sin pértiga, sin peso ni nada”. Blondin y Carlo se fusionan en un tercer personaje, al que el maestro llama “Icarón”, el único que será capaz no de volar sino de caminar en el aire. Los últimos parlamentos de la pieza son pronunciados justamente a mitad del recorrido, en el punto medio de la cuerda floja, en el intersticio de Nadie:

Carlo: “¡Nos vamos juntos, Blondin, caminando en el aire! ¿Quiere?”
Blondin: “¡Sí!”
Carlo: “¡Caminando hasta el sol, Blondin! ¡Hasta el sol!”

17 oct 2010

Retirada editorial para la retirada sostenible

El siguiente texto ha sido encontrado en la web esferapública, en la entrada Montaige Y El "critical Thinking": La Escritura Como Formato Universal, que hacía referencia a un ensayo rechazado por el jurado de un premio so pretexto de considerarse lector inadecuado.


Retirada editorial para la retirada sostenible





1. Ley Editorial
Si la sociedad es un proceso para un trazado no aleatorio de los vínculos entre los seres humanos, la amenaza de la desintegración que se percibe sobre todas las formas conocidas de agrupaciones humanas, tanto como la ausencia de agrupaciones humanas cohesionadas por relaciones distintas a las derivadas de la mera densidad, hacen de la sociedad un proceso en permanente equívoco. Si la sociedad es un proceso para un trazado no aleatorio de los vínculos entre todos las entidades, animadas o no, que hacen parte de un sistema, entonces el hombre tendrá que acotar su capacidad unilateral de depredación y la noción de procesos centrados únicamente en el interés del ser humano (o modificar sus intereses). Un parámetro necesario en el proceso consiste en acotar los eventos de depredación al mismo tiempo que examinar la razón para no extender este principio a las otras entidades. El hombre debe conservarse a sí mismo tanto como a todo lo que le rodea. O tal vez no.

Es aparentemente paradójico el que llegados a un momento particular de la imaginaria línea del tiempo que ordena los eventos de la percepción humana, en donde el antes envisionado poder de la opinión pública parece hoy irrevocablemente quebrantado, no cesen de aparecer los síntomas de una permanente lucha por el control de los mecanismo de modelado social de la opinión pública.

Aparente, porque no excluye la posibilidad de plantear, entre varias, dos conjeturas de aspecto consistente: el que la opinión pública ha sido transitoriamente despojada del poder que alguna vez le fue conferido, despojamiento que se habría realizado inicialmente a través de los recursos brutales de la aniquilación y la intimidación, y luego, mediante una amalgama con los más sutiles medios del engaño, para alcanzar un estado final y permanente de “falsificación” sistemática (o estado de suspensión inducida) con escasas fisuras o intermitencias de “contrafalsificación”. En tanto su estado sería uno de permanente ilusión, serían necesarias cantidades constantes de energía para estrechar las fisuras del engaño y mantener el estado de suspensión requerido para el “goce” de su plena continuidad. El estado final del proceso de falsificación sin opción de contrafalsificación habría sido la posibilidad irrestricta del falsificador para diseñar e inocular en el centro social la ley de la edición, o ley editorial. Otra conjetura consiste en conceder que la opinión pública ha participado en el modelado de los mecanismos de su propio control, adecuándolos a una forma de sometimiento específica (protocolos de consumo) que habría nacido simultáneamente con el momento de su advenimiento. Son desarrollos no excluyentes y que la opinión pública falsificada (o contrafalsificada) ha convenido en depositar en los filtros editoriales que le modelan.

Surge la pregunta por el interés en la administración del poder de la opinión pública, como una manera de verificar que el poder latente anticipado acaso ya desde hace siglos es, de cualquier forma, un poder real cuya fuerza debe orientarse en uno u otro sentido. Cuando se preveía el advenimiento de una opinión pública que pudiera modificar los esquemas de opresión de los regímenes sociales de administración por autoridad se desconocían las formas de adaptación que habrían de adoptar los sistemas de autoridad para modelar la recién llegada entidad. Vivimos en una libertad autoritaria cuyos límites pueden ser puestos a prueba en el momento de renunciar a ella.

La creencia en que los adelantos tecnológicos suministrarían al hombre los medios para realizar las vías de una renuncia –o emancipación verdadera, o contrafalsificación- permanece sorprendentemente activa, aun cuando los hechos parecen indicar que una vez impuesto el parámetro del control editorial, o ley editorial, los adelantos del pasado no serán capaces de producir las condiciones para la emancipación esperada. En cambio, el estatuto del intercambio, entidad verdaderamente activa, concede la ilusión de la emancipación en alto grado, porque ha encontrado en ella la posibilidad de su propia permanente perpetuación al tiempo que sumerge con mayor eficacia los adelantos bajo un tejido de parámetros propicios a su paradigma. La retirada editorial debe ser vista como la insubordinación envisionada y hasta ahora permanentemente aplazada en contra de la ley editorial que inocula en la opinión pública la creencia de que ella es idéntica a la percepción de si misma que le es suministrada, una autopercepción que ha sido modelada a partir de minúsculas operaciones que se repiten a la velocidad que garantiza la ilusión de la continuidad: intervenciones a veintidós cuadros por segundo, durante todos los segundos de un día, durante todos los segundos de una vida humana.

Así, la sociedad, es decir, el proceso de trazado de los vínculos entre las diversas entidades (cuya definición no se extiende por ahora más allá del ser humano) está sujeta a un estado de plebiscito adulterado permanente, mecanismo de modelado circular que consiste en mostrar a la opinión pública la proyección a veintidós cuadros por segundo a la que ella misma cree que quiere acomodarse, modificando imperceptiblemente los parámetros de proyección entre cada dos cuadros, hasta llegar a la satisfacción plena de la imagen de mejor acomodo o de menor conflicto. La ley editorial se orienta bajo la imposición fácil del principio de menor conflicto, que presume –con verdadera causa- que entre todas las versiones posibles, tendrá siempre mayor probabilidad de ser aceptada la versión de menor conflicto. Cada mutación de opinión sucede bajo ese plebiscito finamente sesgado por el filtro editorial, que adquiere a su vez el grado de consenso o filtro legítimo gracias al modelado que efectúa sobre el sistema subordinado que le juzga. La opinión pública es modelada a través de la imagen que bajo plebiscito permanente se le ofrece a través de los filtros de edición y que termina gradualmente ajustándose a la visión particular que el filtro tiene de lo que le resulta conveniente o deseable como espacio de lo público. En un ejercicio de omisión de esos filtros la opinión pública llamada inauditamente a participar de un horizonte editorial limpio, sentiría desbordada su capacidad de asimilar el horizonte editorial, evocando esta vez de manera personal, filtros provisionales que han venido inoculándose en su capacidad perceptora. La opinión pública es la materia sobre la que el maestro artesanoingeniero –el estatuto del intercambio y sus incisos- imprime su magistral falsificación.

La falsificación muestra al menos uno de sus síntomas verificables cuando la experiencia ratifica el hecho de que tanto el trabajo manual como el intelectual –cuando sea que no esté al servicio del estatuto de intercambio- poseen una tendencia a ser cada vez peor remunerados, en tanto la especulación es el bien privilegiado de intercambio en el estatuto convenido.

El quebrantamiento del poder de la opinión pública es una ilusión que a partir del predominio de ciertos filtros y efectos editoriales se da por legítima; es el efecto de un proceso editorial de sesgo a favor de la disolución de la opinión pública que consiste en traspasar al campo de lo público la creencia ciega en la inexistencia, debilidad e incapacidad de lo público. De esta manera se logra que la opinión pública perciba mermado el poder que verdaderamente posee. Este proceso puede señalarse como el punto de quiebre en donde el proceso editorial logra traspasar su visión específica de lo público al terreno real de lo público. Es el triunfo del ingenieroartesano.

En su orden, las leyes de la sociedad son las leyes blandas: de opinión, modelado cultural, acción para la predictibilidad de la conducta y la imposición de las reacciones estandarizadas, las leyes duras o la ley del Estado, con su autoproclamado y probadamente falaz aparato de neutralidad en el orden de la justicia, y las leyes primarias, y su acción directa a favor de la desintegración física del disenso. La ley editorial es efectiva para prevenir el paso hacia otras territorios de leyes duras. Su segundo principio de operación consiste la sentencia: la realidad es idéntica a la percepción de la realidad.

El temor que se le tiene a la opinión pública, que se expresa en el afán de la ley editorial por lograr su pleno control, es el temor a una insubordinación de los valores y modos de la percepción. Siempre existirá el riesgo de un contramodelado cultural, o la posibilidad todavía no prevista, por no estar desarrollada, de una suerte de inciso de opinión, una opinión pública ya no erigida a contracorriente pero tampoco actuando como el dictado del ingeniero artesano. Se trata de un espacio libre de toda ley-editorial y de toda posible replicación automática de filtros editoriales, una zona en la que lo público revitaliza su inercia y se transforma él mismo en ley, esto es en ausencia de toda posible manipulación y modelamiento editorial. Un horizonte editorial limpio convocado como ley. La opinión pública modelada no puede ser fácilmente aniquilada bajo el esquema de sociedad de estatuto de intercambio, pues es la opinión pública modelada –atraída por la posibilidad del ejercicio de la depredación ilimite del entorno proporcionada por el éxito social- la base motora de la sociedad de mercado; siendo la intimidación una antesala de la aniquilación, sólo el engaño, elevado a la categoría de falsificación legítima gracias a las leyes editoriales, se muestra efectivo para controlar la posible insubordinación de la opinión pública (resistente o no a la falsificación) sin hacer necesaria su completa aniquilación. Lo que no impide que en aquellos casos límite los filtros editoriales participen construcción de la ilusión de legitimidad en la desintegración de la opinión pública resistente al modelado, la opinión pública contrafalsificada. Aniquilada la opinión publica en masa, se detendría el flujo financiero y la ley editorial, instaurada también en el principio de menor conflicto, se vería a si misma forzada a entrar en un proceso traumático de instaurar un nuevo escenario social en donde supervivir. La sociedad contramodelada considera el éxito personal como un comienzo de ruina para la sociedad.

Los filtros editoriales participan en la generación de percepciones para inocular en masas enteras de la población. La más reciente de las ilusiones es la percepción de la caducidad de todo proceso revolucionario. Inoculando la percepción de la caducidad, la revolución carece de fuerza propulsora. En este horizonte de percepciones editadas, aun permanece activa la pregunta de si la ley editorial ha generado una ilusión en donde coinciden la falsificación y la contrafalsificación. La revolución fracasa en el momento de la toma del poder.
2. Indices e índices automáticos - la ilusión emancipadora
Technology will prevail: pasado el momento en que la sociedad de acumulación de excedentes y democratización de las necesidades e ilusión del bienestar haya sido extinguida por el impulso depredador vertido contra sí mismo, la memoria de unos cuantos fieles supervivientes servirá como soporte físico (en el colapso de la abundancia digital) para crear un archivo vivo de las relaciones que la desintegración -habiendo operado como una contrautopía en una sociedad de leyes sociales reveladas con claridad matemática- hizo desaparecer; en el marco de la contrautopia plenamente establecida, en el marco del deseo contrafalsificado, las personas serán llamadas como ejércitos de materia prima de memoria orgánica no electrónica disponible al servicio de la continuidad del monopolio y la depredación. Un puñado de personas habrán de liberar a los consorcios de la sentencia del olvido, almacenando en su memoria cada una de las propagandas y estribillos musicales que promueven su necesaria existencia; otros serán capaces de recrear, en los estudios posteriores a la constatación de la disolución de toda apariencia de bienestar del progreso, las poses idénticas de los modelos de la añorada y en el pasado floreciente sociedad del comercio. Los individuos serán el respaldo de los índices, estantes, libros y bibliotecas de memoria de propaganda requeridos para restableces el mundo del intercambio al instante previo al colapso. La sociedad del intercambio renacerá desde una acción de refundación realizada heroicamente por los sobrevivientes albaceas del conocimiento de los axiomas de la extinta sociedad de la concentración de excedentes y necesidades que divagarán bucólicos entre los campos contaminados o no, estériles o fértiles. Así, el mundo tecnológico será preservado.

Todo intento por una acción de emancipación debe –o tal vez no- partir de una mas o menos clara noción de los vínculos que deben ser disueltos. El conjunto de estos vínculos o principios, a menudo tomados tan solo por síntomas de algún evento puntual singular, exceden una cualidad descriptiva trivial y constituyen la definición única y precisa de un momento dentro de la línea del tiempo.

El modelo estadístico presume que estos principios son compartidos por eventos puntuales contiguos en una imaginaria línea del tiempo, que para todo evento singular en un segmento determinado de la línea del tiempo existirá otro evento singular de idénticas características en cualquiera de sus vecindades posibles. Así las singularidades se integran en segmentos de recta en la línea del tiempo, vinculados bajo principios descriptivos exhaustivos y moderadamente precisos.

En otro modelo posible, se establecen vecindades para ciertos puntos singulares que contienen singularidades extrañas, abruptas: eventos puntuales en la línea del tiempo que parecerían responder a principios descriptivos distintos a los que caracterizan a las singularidades inmediatamente anteriores.

Un tiempo intermitente sería una colección en donde los eventos vinculados bajo descripciones no triviales idénticas no son necesariamente contiguos. La mirada intermitente del pasado no corresponde estrictamente a un segmento continuo extendiéndose infinitamente a la izquierda de un punto de corte determinado en una recta, sino a una colección de segmentos de recta no contiguos o intervalos de recta separados entre sí. Los principios que hacen que estos distintos intervalos pertenezcan a una misma colección, más que los intervalos de tiempo en sí mismos, serían la nueva convención sobre la “naturaleza” del pasado. Dado que estos principios descriptivos se manifiestan en diferentes intervalos no conectados entre sí, y pueden por ende surgir en el presente, o en el futuro, puede decirse que son “atemporales”: el pasado puede estar potencialmente siempre presente, o manifestarse en el futuro.

Según la intervención de diferentes colecciones descriptivas, la línea del tiempo del modelo estadístico se vería cortada en diferentes conjuntos de segmentos discontinuos. Las colecciones pueden ser complementarias o traslapadas par dar cuenta de una misma secuencia de eventos desde diversos principios [en “Teoría General de los Sistemas” Bertalanffy introduce la noción de sistema como una manera de sortear las limitaciones de los métodos científicos analíticos. Su enfoque no quiere reducir el espectro de lo observable a una ley física única, sino identificar, mediante la observación cuidadosa, las correspondencias entre las leyes en diferentes campos, lo que denomina isomorfismos entre leyes. Según los sistemas, son igualmente importantes como objeto de estudio los elementos de un campo, tanto como las relaciones que entre sí manifiestan, relaciones que el método analítico de descomposición por partes termina por ignorar: los sistemas así definidos, pueden ser relacionados bajo isomorfismos. La incapacidad de la ciencia clásica para dar cuenta de ciertos eventos se desprende –entre otros factores- de las limitaciones propias de los enfoques analíticos; al adoptar los enfoques de sistemas surgen nuevas posibilidades para el desarrollo matemático o descriptivo de nuevos campos, incluidos los campos sociales, y el estudio sobre la conducta humana).

Parece existir, no obstante, una característica persistente –negativamente resciliente-en todos los diferentes órdenes posibles: la aspiración a un equilibrio estable e inmodificable. (Esta regularidad histórica, en términos de Bertalanffy y otros, corresponde una diacronía, o ismorfismo entre leyes sociales en diferentes momentos temporales). Con esta diacronía surge otra ley inevitablemente asociada: la ilusión de que la emancipación es posible y es necesaria.

La ilusión de la emancipación es negativamente necesaria en un sistema que sin estar verdaderamente sujeto al riesgo de una emancipación real requiere de la ilusión como forma de supraordinación de un conjunto de individuos. Lo que pertenece al sistema como ley es la ilusión de una emancipación y no la posibilidad misma de la revolución; así, administrando esta ilusión, alcanza efectivamente los mecanismos de una permanente autoorganización negativamente resciliente.

La administración de lo público –que incluye en las formas ulteriores de su desarrollo la pretensión de administrar todas las esferas en donde el ser humano tenga la menor probabilidad de realizar alguna actividad- acude a todos los mecanismos posibles para garantizar su perpetuación y continuidad. La continua defensa de la aspiración perdurable hace que todos los órdenes tiendan, con el paso del tiempo, a su expresión más extrema. Todos los órdenes son órdenes extremos realizados o prestos a su realización.

En los medios para garantizar su permanencia, el orden extremo acumula las tensiones del cambio que tanto desea evitar.

Nuestro tiempo, llámesele periodo de la esperanza en la sociedad del bienestar, o periodo del desencantamiento total, el “sistema” ha logrado instituir la ilusión de que el objetivo de la emancipación habría de ser el ejercicio irrestricto del derecho a la expresión. En tanto dicho ejercicio tiende aparentemente a manifestarse de manera irrestricta poyado en la apertura de los medios tecnológicos, el orden parece arrojar síntomas cada vez más claros de ser menos proclive al movimiento, de ser cada vez más permanente e inmodificable y de haber encontrado los mecanismos para que esa expresión, convenientemente engranda en los aparatos de consumo, afiance los mecanismos de perpetuación de los vínculos que se pretenden disolver.

Una esperanza de emancipación, que opera también a favor del régimen (orden) vigente, consiste en creer que los espacios de expresión logran eventualmente inducir un cambio en el marco general del esquema que los suministra. Es un juego de azar de probabilidad mínima o tal vez nula. La apertura de los espacios digitales de expresión y asociación neutralizan con su poder administrativo los riesgos reales de una individualidad manifiesta más allá de los horizontes de la predictibilidad. Las plataformas electrónicas encierran el potencial y el impulso por hacer del ser humano un inventario predecible. En tanto existan en relación con el hombre, su propósito es orientar el acceso a una información acumulada de acuerdo a unos parámetros axiomáticos predeterminados. Dado que la axiomatización absoluta parecería únicamente posible en el espacio de la abolición del ser humano, la construcción de una forma ideal de acceso a la información acumulada se daría solamente en ausencia del ser humano. El índice axiomáticamente infalible exige digitalizar al usuario o extinguir al usuario no digital.

En el curso de la digitalización absoluta del individuo, la red enmascara bajo la ilusión emancipadora la tendencia a reducir a las personas a piezas partícipes en el diseño y aplicación de la ley editorial que la red misma requiere para ejercer su zona de dominación. A través de la consignación y consulta de material digital –trivial o no trivial- en servidores remotos y del juego de los enlaces que satisfacen la fantasía de la pérdida de la linealidad, bajo la sombra de algoritmos secretos que dirigen los resultados de las búsquedas en los motores, la red traslada al usuario la carga y el costo laboral requeridos para construir y mantener su ley editorial: organizar los contenidos y jerarquizar los índices. Se trata de mantener el control del proceso lucrativo de indizar la información en tanto se le suministra al usuario supraordinado el espacio de ilusión en donde su derecho de expresión se percibe como relevante porque podría, eventualmente, generar una revolución. La transacción puede reducirse así: el sistema hace lucro sistemático del tráfico de individuos en la red proporcionando a cambio la ilusión de un disenso revolucionario.

La noción de sistemas, que presenta como principal virtud una explicación posible a las limitaciones de los procesos analíticos, tiene la virtud de dar cuenta de las limitaciones de una ciencia mecánica, profetiza –acaso involuntariamente- una sociedad plenamente axiomatizada.

El presente y su entorno de relaciones parecería indicar que lo que entendemos por mundo físico se aleja invariantemente de todas las formas posibles de axiomatización de la contingencia, y nos deja al final de una observación exhaustiva con una colección de hechos específicos –alguna vez presentados como ajustados a una normatividad o axiomática sintética-, y residuos de leyes en conflicto por sus contradicciones internas, contingencia en un estado puro vinculada únicamente por la memoria (extensión de los aparatos de percepción). La idea de una axiomatización total posible de la experiencia proviene, acaso, de la capacidad de inferencia, que provee al mecanismo capaz de realizar la ilusión de que es posible la explicación y predicción de la totalidad de los eventos aun cuando no hayan tenido la oportunidad de ser memorizados. Es esta ilusion, brindada a los individuos, la que acaso concluya con un sistema efectivamente capaz de lograr un estado de total predictibilidad. Los individuos, una vez en este nuevo horizonte, serán necesarios únicamente en la medida en que permitan la subsistencia de ese régimen totalmente ordenado, en donde cualquier varianza posible está dentro del espectro de lo que ha sido predicho, anticipando incluso lo que aparece como un brusca discontinuidad ante la percepción de las entidades confinadas en sistemas inferiores.

La hipótesis de Whorf vincula las ilusiones mentales de un, acaso, mundo exterior con el lenguaje que las hace posibles. Las ilusiones mentales no son idénticas aunque en sus síntomas parezca que existen pruebas suficientes de aparente coherencia. La pretensión de la predicción se encuentra en la base del deseo de existencia de un núcleo común a todas las percepciones. La introducción de una agramaticalidad –cualquiera- establece una intervención directa en la percepción de un conjunto de relaciones –a las que podría transitoriamente denominarse realidad- a través de los cambios del lenguaje, variable de la que depende nuestra forma de organizar el conjunto de relaciones.

De esta forma la ley editorial contrae el horizonte del lenguaje que se requiere para desmontar un cierto orden específico de un estado de cosas, y al hacerlo, de acuerdo a la hipótesis de Whorf, inhibe otros posibles desarrollos del pensamiento, es decir, la posibilidad de establecer otros modelos descriptivos de carácter aproximativo. El sistema, o la red de la ley editorial, moldea la percepción necesaria para lograr ser percibida.

Los desarrollos de la tecnología digital incluyen y desbordan el desarrollo de la red. La tecnología digital marcha –y marchar es una palabra militante que bien describe la intencionalidad e intensidad del movimiento- bajo la pretensión de una total axiomatización de la experiencia y del conocimiento humanos. Un modelo descriptivo mental en donde tenemos en un extremo la contingencia pura de la ilusión como percepción estrictamente humana, y en el otro, sistemas axiomáticos de producción de conocimiento e ilusiones algorítmicamente generadas en serie, estrictamente tecnológicas. Todos los grados intermedios corresponden al encuentro de los dos modelos de pensamiento, el humano, cuyo reconocimiento se desprende del uso en el insondable tiempo pasado, y el tecnológico, aún en proceso de avance hacia un futuro también potencialmente insondable, diacrónicamente homologador.

Hasta ahora la única gran defensa de quienes se adscriben a la conservación de lo “puramente humano” descansa en las dificultades técnicas para entender, simular o superar la complejidad de lo que convenimos en denominar “nuestro pensamiento”. Sin embargo, en esas mismas dificultades técnicas se satisface la condición para el desarrollo de un pensamiento enteramente nuevo, un pensamiento digital de una nueva especie, capaz de generar ilusiones para ser experimentadas por sus formas de percepción específicas.

Apéndice 1: Bertalanffy, la red, sistemas de circulación de la circulación

En oposición a una forma analítica de proceder en la ciencia Bertalanffy introduce la noción de sistema, en donde un evento –dentro o fuera del marco de las percepciones de un mundo científico predecesor- no se caracteriza únicamente por sus componentes mínimos irreductibles, sino además, por las relaciones que estos elementos mínimos tienen entre sí. Los elementos pueden separarse entonces por cantidad (puntos), género (puntos blancos o negros) y posición dentro de un sistema (vínculos entre los puntos).

La “Teoría General de los Sistemas” que se extiende a diversas zonas del conocimiento, amplía el espectro de lo que se puede, en potencia, enunciar formalmente en el campo de la ciencia (genera un campo científico extendido), entendiendo por formalización potencial alguno de estos casos: su formalización estricta en el lenguaje de las matemáticas o una descripción cualitativa precisa en los términos de algún lenguaje conocido.

Una descripción cualitativa moderada es una tal que identifica exhaustivamente las variantes en tensión en una situación determinada, aunque no pueda establecer la forma exacta en que tales variantes participan para generar el efecto o sea incapaz de establecer formas para su medición precisa.

La “Teoría General de los Sistemas” irrumpe como un elemento para dar cuenta de las limitaciones de una ciencia analítica dominada por la certidumbre de la inferencia. Se aparta de la pretensión de reducir la predicción a una ley física –o biológica- única que de cuenta de todos los eventos posibles, y se concentra en buscar regularidades entre leyes que caracterizan diferentes campos del conocimiento considerados separados. La posibilidad de establecer estos paralelos, o relaciones entre diferentes modelos de leyes o conjuntos de principios (o conjuntos de axiomas) se conoce como isomorfismo (en el terreno de la historia y lo social, respectivamente, se aplican los conceptos de diacronía y sincronía). Los isomorfismos abrirían el camino para un campo científico unificado.

A partir del análisis de la máquina de Ashby, Bertalanffy propone dos condiciones para la definición del término “organización” conveniente. Un sistema está convenientemente organizado si posee entropía decreciente y capacidad creciente de flujo de información.

Otra de sus preocupaciones está centrada en los modos de organización de entidades complejas, o sistemas con muchos elementos con múltiples relaciones entre ellos, con énfasis en los problemas de autoorganización (conveniente). Aunque apenas se menciona la máquina de Turing, se propone una diferencia sustancial entre una máquina de Turing y un sistema. La máquina de Turing tiene una variable (la función) que es fija: dada una conjunción de estado interior y exterior, asocia un cambio único de estado en la máquina (nota: esta última afirmación requiere una extensión dado que existen máquinas de Turing de función variable y máquinas de Turing con cambios de estado probabilístico, llamadas máquinas de Turing estocásticas. Lo que aquí queda pendiente es aclarar si al momento del análisis de Bertalanffy se habían formalizado matemáticamente las máquinas de Turing estocásticas, y la pregunta sobre si estas máquinas son o no capaces de lograr una autoorganización conveniente –o no- en un entorno aislado). Los sistemas abiertos, que reciben entrada de otros sistemas, se oponen a la visión de sistema como máquina, afectando la invariabilidad de la función como elemento constante en la máquina de Turing. El sistema abierto o sistema con entrada es el único susceptible de realizar procesos de autoorganización.

La Teoría General de los Sistemas invoca la hipótesis de Whorf para mostrar cómo toda concepción de la ciencia (analítica o no, mecanicista o no) depende en última instancia de la relatividad lingüística. Este elemento unifica diversas variantes: percepción (registro) e inferencia. Propone un universo de relatividad lingüística en donde sólo es posible manipular a través de un proceso de inferencia aquello que puede ser aprehendido con el lenguaje. De allí que en el marco de la teoría de sistemas una modificación en el universo del lenguaje pueda derivar en nuevos espacios para formas de percepción e inferencia. Esta es la hipótesis de Whorf según cita que Bertalanffy hace de Fearing :

“que la creencia comúnmente sostenida que los procesos cognoscitivos de todos los seres humanos poseen una estructura lógica común que opera anteriormente a la comunicación e independientemente de ella es errónea. Juzga Whorf que son las pautas lingüísticas mismas las que determinan lo que un individuo percibe en el mundo y cómo lo piensa. En vista de que tales pautas varían ampliamente, los modos de pensar y percibir de grupos que utilicen distintos sistemas lingüísticos conducirán a visiones del mundo básicamente diferentes. (Fearing, 1954.)” (“Teoría General de los Sistemas”, Pág. 275. Fondo de Cultura Económica, México D.F. 2006. Traducción de Juan Almela)

A continuación, Bertalanffy exhibe nuevamente la hipótesis de Whorf:

“Ingresamos, pues, en un nuevo concepto de relatividad, según el cual todos los observadores no son guiados por la misma evidencia física hacia el mismo cuadro del universo, a no ser que se parezcan sus trasfondos lingüísticos... Segmentamos y organizamos tal como lo hacemos el ámbito y el correr de los sucesos, en gran medida porque, en virtud de nuestra lengua materna, participamos en un acuerdo de hacerlo así, y no porque la naturaleza misma esté segmentada de ese modo y todo el mundo pueda darse cuenta de ello. (Whorf, 1952, p. 21)” (“Teoría General de los Sistemas”, Pág. 275. Fondo de Cultura Económica, México D.F. 2006. Traducción de Juan Almela)

Finalmente, para no extender demasiado estas anotaciones, la introducción de la Teoría General de los Sistemas no se agota en el diagnóstico de los conflictos de la ciencia derivados del situar el poder de inferencia en el campo específico de la explicación y la predicción, y toma un riesgo interesante al desarrollar y trasladar una teoría de modelos al terreno de lo que tradicionalmente ha escapado al mundo científico: el individuo y la sociedad. Previendo que la sistematización de los modelos sociales y formas de conducta individuales puedan llevar a una administración de todas las formas humanas, Bertalanffy intenta una anticipación:

“EL PRECEPTO ULTIMO: EL HOMBRE COMO INDIVIDUO

Es concebible, sin embargo, la comprensión científica de la sociedad humana y de sus leyes por un camino algo diferente y más modesto. Tal conocimiento no sólo nos enseñará lo que tienen de común en otras organizaciones el comportamiento y la sociedad humanos, sino cuál es su unicidad. El postulado principal será: el hombre no es sólo un animal político; es, antes y sobre todo, un individuo. Los valores reales de la humanidad no son los que comparte con las entidades biológicas, con el funcionamiento de un organismo o una comunidad de animales, sino los que proceden de la mente individual. La sociedad humana no es una comunidad de hormigas o de termes, regida por instinto heredado y controlada por las leyes de la totalidad superordinada; se funda en los logros del individuo, y está perdida si hace de éste una rueda de la máquina social. En mi opinión, tal es el precepto último que ofrece una teoría de la organización, no un manual para que dictadores de cualquier denominación sojuzguen con mayor eficiencia a los seres humanos aplicando científicamente las leyes férreas, sino una advertencia de que el Leviatán de la organización no debe engullir al individuo si no quiere firmar su sentencia inapelable.” Teoría General de los Sistemas”, Pág. 82. Fondo de Cultura Económica, México D.F. 2006. Traducción de Juan Almela)

El problema radica en que una vez identificada una ley social, resulta imposible discernir si tal identificación se obtiene a partir de un descubrimiento o resulta de una invención que se hace pasar, a través de mecanismos efectivos de edición, por un descubrimiento. La teoría General de los Sistemas no preveé forma para que la invención de una ley social superordinante no sea erigida como mecanismo efectivo para la anulación de los individuos en una sociedad específica, para su incorporación como “ruedas de la máquina social”. La observación y el padecimiento de las leyes sociales hacen pensar que la sociedad es cada vez más un conjunto de entidades-individuos subordinados a unas leyes de la totalidad, cualesquiera que sean estas leyes.


Apéndice 1: Extensión: Variaciones enteramente subjetivas

En el terreno científico, La Teoría General de los Sistemas convive con otras aproximaciones que también intentan dar cuenta de las limitaciones de la ciencia, como son los sistemas fuertemente sensibles a las condiciones iniciales, los sistemas de ecuaciones simultáneas sin solución, la presencia de variables identificadas pero que no pueden ser medidas con precisión suficiente o que no pueden ser medidas en lo absoluto, variables invisibles (variables no detectadas desde nuestros mecanismos de percepción o inferencia), o cálculos a partir de números inmensos o inmanejables con nuestros aparatos de cómputo.

La conjetura de que el universo total de los eventos puede ser explicado desde la percepción, el registro y la inferencia parece pertenecer a una categoría de asuntos indecidibles: no existe prueba de su validez o invalidez. Acaso pertenece a un conflicto generado en el terreno mismo de las condicionantes del lenguaje.

La más fuerte de las predicciones en esta línea de diagnóstico de las limitaciones viene a ser la existencia de variables que no pueden ser descritas en términos del lenguaje conocido, ni en términos de ningún otro lenguaje posible desarrollado o por desarrollar. Resulta imposible probar que no existen variables con estas características –huidizas al lenguaje-, haciendo del proyecto de la predictibilidad total que se propone el mundo de la ciencia y del conocimiento, un asunto no demasiado distante a aquellos de fe y de creencia personal. Tal vez sea más fácil probar lo contrario, que dado un lenguaje específico, existirán siempre eventos en el universo de lo posible que el lenguaje no puede nombrar.

Este proyecto de la “predictibilidad total” puede ser visto no necesariamente como el propósito de la ciencia y el conocimiento amplio del mundo, sino como un propósito (extraño) en un marco de conocimiento condicionado. Las condicionantes que operan sobre el proyecto de la predictibilidad total son de naturaleza económica, y tienen su origen en un factor atávico en el ser humano que amenaza con la total desintegración de toda forma de vida conocida: el afán por la acumulación personal y el diseño de mecanismos efectivos para la serialización de los procesos de acumulación.


Apéndice 2: Jean-Noël Jeanneney desafía a Google

En su libro “Google desafía a Europa – El mito del conocimiento universal” Jean-Noël Jeanneney somete a un escrutinio el proyecto “Googlebook”. Este proyecto se define por dos simples premisas. La primera, alojar en red tantos libros inéditos o impresos como sea posible. La segunda, ofrecer libre acceso a los contenidos a cualquiera que tenga a su disposición un acceso a la red.

Se trata, simplemente, de levantar la mayor biblioteca abierta o de libre acceso en red existente. En síntesis, llevar a la práctica un archivo del conocimiento humano pretendidamente democrático. Entramos, aparentemente, en el terreno de lo que resulta inobjetable.

Google confía en que el principio de la preservación y libre difusión del conocimiento humano, al lado de la exhibición constante de su pretensión democrática, sean obstáculo suficiente para detener cualquier objeción a su propósito: este altruismo de propósitos atraviesa el corazón del proyecto para ejemplarizar la necesidad de poner fin a los monopolios de los derechos de autor que en este momento tienen las editoriales de libros impresos sobre los contenidos más importantes que podrían ser objeto de un archivo digital.

Dado que ni Google ni –al parecer- cualquier otra empresa que el ser humano quiera adelantar puede sustraerse a los parámetro de selección económica, los términos archivo, biblioteca en red, libre acceso y democracia quedan enmascarados por los móviles materiales.

Las tensiones involucran cinco actores, cuando menos: Google y las empresas de red (o redes), las editoriales y las bibliotecas en físico (públicas o privadas). En el desarrollo del proyecto, las bibliotecas físicas poseen el archivo que sería, eventualmente, trasladado a la red. El cuarto actor es el conflicto entre el estado y el mercado, en donde se suele participar de la tendencia a invocar la necesaria presencia estatal a través de la exhibición de argumentos de carácter nacionalista. El quinto factor en conflicto es, precisamente, quien más se lucra de la difusión de los valores nobles y altruistas, y quien por ello más se encarga de mantenerlos vigentes: la publicidad.

La importancia de la no homologación a una lengua única no descansa en el simple hecho del deseo de preservar lo local por el hecho gratuito de hacerlo, sino porque es en el contraste de todas las lenguas como cada lengua local puede lograr su avance y expandir el terreno de las experiencias posibles que le son aprehensibles. Se puede pensar en una lengua como un sistema abierto que tiene comunicación permanente con un entorno que le provee los medios para su propio movimiento, u organización. Ninguna lengua es un sistema “autoorganizado”, pero todas juntas logran una efectiva “autoorganización” local para cada una.

Jean-Noël Jeanneney acude al concepto de “Cabeza de góndola” para describir los riesgos del rankeo de los páginas en el buscador Google o en cualquier otros buscador. La cabeza de góndola señala el fenómeno por el cual un vínculo mostrado en el primer pantallazo será siempre más buscado que otro mostrado en el segundo, tercer o cuarto pantallazo. De manera que si el buscador tiene en cuenta la frecuencia de consulta de una dirección web, como parece que en efecto lo tiene, los resultados más visitados serán los más proclives a ser mostrados en las primeras páginas de la búsqueda, estableciendo un circuito en el que se rankean por el simple hecho de estar rankeados. Se puede invocar que este no es el único parámetro, y acaso ni siquiera sea el más importante frente a otros. Otro parámetro que al parecer involucra el algoritmo de búsqueda de Google es la relación de enlaces de entrada y salida a una dirección, y aunque no se menciona por Jean, la autoridad de cada uno de esos enlaces.

Un asunto que resulta crucial en el proyecto de las bibliotecas digitales es el proceso de digitalización de las obras físicas. Su traslado a medios digitales se puede realizar, básicamente, bajo el formato de imagen o formato de texto. Para efectos de generar resultados en los motores de búsqueda y proporcionar mayor flexibilidad en los índices, el formato de texto es el más adecuado; también el más costoso.

Debido a la envergadura propuesta por el ejercicio de digitalización –digitación, o transcripción- la conclusión a la que llega Jeanneney es que tal empresa sólo puede ser adelantada por el Estado, dado que esta sería la única entidad de garantizar los presupuestos y la continuidad del proyecto, además de preservar los contenidos ante una posible quiebra de una iniciativa privada. En el caso de la quiebra de una empresa privada que adelantara el proyecto, la pregunta abierta sería: ¿a quién pertenecerían los contenidos digitalizados?

Apéndice 2: Extensión: Factores sesgados críticos (o factores críticos sesgados)

El factor a tener en cuenta que abre la posibilidad del desarrollo de algunas suspicacias singulares hacia el proyecto Google book es la intervención no revelada de los factores que determinan el funcionamiento del algoritmo, tanto como la zona inferida conocida para el funcionamiento del algoritmo, siendo dos de ellos de naturaleza crítica: factores de interés nacional e interferencia de la publicidad en los resultados desplegados para cada búsqueda. Ambos factores son suficientes para señalar que la democratización, organización y libre acceso del conocimiento del mundo son nobles causas invocadas únicamente bajo la conveniencia de grandes negocios en auge en el campo de la administración de las relaciones humanas.

Si bien Jeanneney realiza un breve tránsito para invocar los proyectos cooperativos que pueden tener en común el espíritu del libre acceso a la información, su conclusión –que no parece enteramente desinteresada- es que proyectos como la digitalización masiva de libros y la puesta en red de bibliotecas completas de libre acceso pueden ser adelantados únicamente por entidades de largo plazo ajenas a los principios de rentabilidad; esta noble afirmación nos deja un único candidato: el Estado. Dado que es a través del conocimiento como se corre un riesgo de modificación al aparato estatal, es difícil pensar que el Estado suministre a un conjunto de individuos subordinados las herramientas para romper el cerco de administración de la conciencia y de todas las instancias de actividad humanas.

No se ve claramente la razón por la cual los libros físicos no puedan ser trasladados a la red desde iniciativas personales no centralizadas –a la manera de un hackeo sistemático del bien cultural económico- sin acudir al consentimiento de los aparatos -jurídicos o no- de control que ejercen sin resistencia el mundo de los negocios del libro. Este proceso, apoyado en la posibilidad de un trabajo individual interconectado no jerarquizado, requeriría además de una modificación o intervención en los motores de búsqueda -fabricantes automáticos de índices- ya sea desde una aproximación estrictamente tecnológica o mediante un intento por afectar los hábitos de uso de la red. Requiere de un proyecto amplio y total de desmonte de la “ley editorial” de la que el mundo económico tanto depende.

La red como sistema consiste –con tendencia creciente desde su aparición- en una circularidad de índices protagónicos –asistidos por la ley “editorial”- de los que el usuarionavegador raramente puede escapar (y a los que contribuye a elaborar en el marco de una ley que le orienta en calidad de mano de obra gratuita) en donde queda únicamente la sensación de que lo importante de circular en la red es la circulación de la circulación en sí.

BIBLIOGRAFÍA
1. “Google desafía a Europa. El mito del conocimiento universal”. Jean-Noël Jeanneney. Traducción de Antoni Furió. Universidad de Valencia, 2007.
2. “Teoría General de los Sistemas”. Ludwig Von Bertalanffy. Traducción de Juan Almela. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. 2006.


Angry Young Men / Pablo Batelli

Publicado originalmente en el blog CHEAPNESS 9 de agosto de 2009.